Mostrando entradas con la etiqueta Viaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viaje. Mostrar todas las entradas
Mayo empieza con las sábanas revueltas y los cuerpos cálidos. Pasamos los días pegados, descansando en la misma cama y mirándonos la luz reflejada en los párpados. El mes empieza con listas a medias para hacerla compra, un billete naranja en el suelo y la casa a solas. Las ventanas que dan a la calle se convierten en ventanas por las que entra la luz y nos pilla riendo a carcajadas, paseando por esas paredes que poco a poco hemos convertido en nuestras.
Abril se quedó amamantando los miedos, acunándolos para que jamás vuelvan a salir a la luz; y mientras tanto, nosotros recorremos pueblos medio vacíos que prometemos que serán nuestros y todo vuelve a tener sentido.

Diario de viaje - Madrid

Día 1: El viaje a Madrid es largo. 4 horas eternas encerradas en un autobús largo y lleno de gente que hablaba inglés, una parada de quince minutos para mear y pillar algo que comer durante el viaje. Asfixia. La capital está vacía, no hay coches por todas partes, ni gente gritando, ni gente por todas partes. Atardece detrás de cuatro torres altas y pienso que el sol de Madrid es muchísimo más grande que el que se ve desde la ventana de la cocina.
Día 2: Extremoduro en el coche y dos años agarrándome la mano al caminar. Visitamos el Parque Europa y nos fotografiamos con los monumentos como si fuéramos turistas extranjeros. Nada me sorprende, solo la mirada de la niña clavada en la mía, y su ilusión. Su ilusión lo calma absolutamente todo.
Día 3: Madrid centro nos espera. Visitamos el Templo de Debod y paseamos por Gran Vía. El metro me decepciona aunque la gente toca y canta y pasan a buscar monedas. Visitamos Callao, la calle Princesa y comemos pizza en el Retiro. Las 4 horas y media de vuelta se hacen pesadas. Muy pesadas.